GEOPOLÍTICA Y CIBERGUERRA
¿CUÁL ES LA RELACIÓN DE LA GEOPOLÍTICA CON LA CIBERGUERRA?
Una vez definido lo que debe entenderse por ciberguerra y establecido el alcance de las acciones a través de las cuales se materializa la misma, aparece la inquietud por establecer si existe alguna conexión o vínculo entre la geopolítica y la ciberguerra.
Al respecto, puede decirse que el uso generalizado del Internet ha provocado una revolución que ha dado lugar a lo que se ha denominado “la sociedad del conocimiento”, “la sociedad digital”, “la sociedad informatizada” o “la sociedad en red”, debido a que en la actualidad, la informática y el Internet han tenido incidencia en todos los ámbitos (social, económico, cultural, religioso), modificando radicalmente el estilo de vida, las comunicaciones e interacciones bajo las cuales tiene lugar el proceso de socialización.
Por ello, si bien en términos generales el Internet ha sido usado para fines benéficos, también ha sido empleado como medio o instrumento para materializar una serie de gravísimas amenazas y problemáticas que ponen en peligro el orden y la armonía de la comunidad internacional, tales como el terrorismo, el tráfico de drogas, el lavado de activos, el contrabando; lo cual permite entrever el enorme peligro que la ciberguerra representa para la estabilidad de la comunidad internacional.
Para poner de presente esta situación, Sánchez (2012) expresa lo siguiente:
La nueva guerra fría no se está librando en el espacio, como la anterior, sino que se está librando bajo tierra, a través de los cables de todos nuestros ordenadores. Y ya no son los misiles los que amenazan a nuestros países, sino que son los bits de información los que acechan. Estamos ante un nuevo paradigma que está descolocando a todos, incluido las principales potencias mundiales. Ya que paradójicamente, cuanto más avanzado es tecnológicamente un país, más dependencia tendrá de la tecnología, y por tanto, será mucho más vulnerable”.
La opinión de Sánchez permite evidenciar que así como el uso generalizado del Internet ha provocado una revolución social, la ciberguerra plantea la posibilidad de gestar una revolución en materia geopolítica, pues además de involucrar una seria amenaza susceptible de alterar la armonía del orden internacional, conlleva igualmente el establecimiento de un nuevo paradigma que eventualmente puede llegar a reconfigurar o reorganizar los diferentes bloques de poder, modificando así el poderío que desde hace varios años han venido ejerciendo las actuales grandes potencias, para dar paso al auge y a la consolidación de nuevos protagonistas en la esfera mundial. Por ello, más allá de una relación entre geopolítica y ciberguerra, se evidencia que la ciberguerra tiene la posibilidad latente de alterar o modificar la configuración de los diferentes bloques de poder que existen en la escena del orden mundial bajo el cual se desenvuelven las interacciones político – económicas de la comunidad internacional.
Sobre éste último aspecto, Sánchez (2012) manifiesta lo siguiente:
“la característica más importante de la ciberguerra es la de asimetría, porque la guerra cibernética proporciona los instrumentos necesarios para que los más pequeños puedan enfrentarse, incluso vencer y mostrarse superiores a los más grandes, con unos riesgos mínimos para ellos, sólo siendo necesario un ordenador y unos avanzados conocimientos informáticos”.
Son de tal alcance las implicaciones que en materia de geopolítica tiene la ciberguerra, que en este momento, ninguno de los Estados que conforman la comunidad internacional se encuentra plenamente seguro, pues tal como lo destaca Sánchez, ni siquiera las grandes potencias son ajenas a los riesgos y a las afectaciones que podrían derivarse de la ciberguerra llevada a cabo en toda su extensión, dada la paradójica desventaja que se deriva del avance tecnológico, porque si bien la tecnología contribuye al progreso en una gran mayoría de sectores, dicho progreso conduce a la sociedad a una mayor dependencia frente a la misma, que a la postre supedita, limita y condiciona todas las posibilidades de desarrollo de la propia sociedad, haciéndola mayormente vulnerable y aumentando los graves efectos de los daños que podrían causarse a través de los ciberataques.


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